La Singularidad del Valle del Montseny, Único en toda España
Por Roger Riera, Co-Founder

En pocas palabras:
En este artículo descubriremos que el Valle del Montseny es uno de los ecosistemas rurales más extraordinarios de España: un lugar donde la naturaleza salvaje se encuentra con una densidad inesperada de artistas, creadores e innovadores comunitarios. Veremos cómo este valle, antiguamente agrícola, se convirtió en un laboratorio vivo de cultura, bienestar y vida lenta, un modelo único que está redefiniendo silenciosamente lo que puede ser la vida rural.
Tiempo de lectura: 10 min.
Déjame presentarte brevemente nuestro lugar…
A tan solo 50 kilómetros de Barcelona y Girona, el Valle del Montseny emerge como un microcosmos inesperado, un lugar donde la naturaleza salvaje convive con un ecosistema humano extraordinariamente creativo. Situado en la vertiente sur del macizo del Montseny, entre Sant Esteve y Santa Maria de Palautordera, este valle se ha convertido en uno de los enclaves rurales más vibrantes y singulares de España.
Pero su historia no comenzó con el turismo, los nómadas digitales ni las tendencias de lo rural chic. Su origen es más profundo, más sorprendente y mucho más improbable.
Un paisaje privilegiado de montañas, bosques y agua
El Valle del Montseny forma parte del Parque Natural del Montseny y de la Reserva de la Biosfera de la UNESCO (declarada a finales de los años setenta), un mosaico ecológico donde florecen los contrastes: hayedos de alta montaña, ríos que nacen en cumbres como el Turó de l’Home (1.708 m), lagos como Santa Fe y un sinfín de senderos que se transforman con cada estación.
Su accesibilidad —con conexiones directas de tren a Barcelona y Girona, una salida inmediata a la autopista AP-7 y el mar a solo veinte minutos— convierte este enclave en una ubicación estratégica. Ofrece naturaleza profunda sin aislamiento; paisajes salvajes a un paso de grandes ciudades.
Sin embargo, la singularidad del valle no puede explicarse solo por su paisaje. Su verdadero milagro es humano.
Cuando el arte eligió las montañas
En los años setenta, cuando España empezaba a respirar con más libertad tras la dictadura, un grupo de compañías artísticas —entre ellas La Claca y, más tarde, Circ Cric de Tortell Poltrona, Escarlata Circus y Los Galindos— decidió instalarse en Sant Esteve de Palautordera. Lo que parecía una decisión excéntrica desencadenó una transformación profunda.
La llegada de actores, músicos, artistas de circo, creadores y artistas de todo tipo convirtió un valle agrícola en un laboratorio cultural al aire libre. Y lo más notable: la convivencia con los vecinos locales se dio de manera natural, armoniosa, casi orgánica. No hubo rechazo ni gentrificación. En su lugar, surgió una nueva identidad compartida, rural, creativa y profundamente comunitaria.
Desde entonces, el valle ha seguido atrayendo a personas curiosas y de espíritu libre del mundo artístico. Hoy conviven aquí más de 16 nacionalidades, conformando una densidad de talento creativo que normalmente solo se encuentra en las grandes ciudades.
Un ecosistema cultural sin igual
De aquella primera ola cultural surgió otro fenómeno inesperado: el valle se convirtió en un terreno fértil para nuevas formas de vida comunitaria. Masías compartidas, viviendas colectivas y proyectos cooperativos se multiplicaron mucho antes de que la palabra coliving apareciera en las revistas de tendencias.
Aquí, la vida en comunidad no es una moda, es una cultura. Este espíritu se refleja en iniciativas como:
Masías compartidas por distintos profesionales, donde la colaboración es el eje de la vida cotidiana;
Espacios culturales autogestionados, como la residencia artística Les Escoles Velles, que acoge a creadores durante dos meses para el desarrollo artístico y su apertura al público;
Un tejido social profundamente activo, donde los fines de semana se llenan de conciertos, talleres, exposiciones, mercados y eventos culturales.
Como explica Helena Masnou, miembro clave del Consejo Cultural local:<br>“Somos la joya de la comarca: un pueblo muy vivo donde las personas que llegan se sienten acogidas y encuentran su equilibrio”.
La influencia de la cultura holística
En los años noventa llegó otro elemento decisivo: la creación del Centro de Meditación Vipassana Dhamma Neru, uno de los dos únicos centros de este tipo en España. Su presencia atrajo a meditadores, buscadores y personas vinculadas al mundo del bienestar, aportando una dimensión espiritual que se integró de forma natural con la sensibilidad artística del valle.
Hoy conviven aquí músicos, terapeutas, artistas, desarrolladores de software, bailarines, escritores, diseñadores y meditadores. El resultado es un ecosistema creativo-espiritual único: un lugar donde las artes y la vida consciente se enriquecen mutuamente.
Kalart Community: un experimento vivo de convivencia creativa
La evolución natural de este movimiento se materializó en 2019 con Kalart Community, el primer espacio de coliving rural de Cataluña. Más que un lugar para vivir, es un experimento social: un espacio a medio camino entre el coliving, la residencia artística y la comunidad intencional.
A diferencia de otros colivings pensados para trabajadores remotos urbanos, Kalart se centra en profesionales de las industrias culturales y creativas, con estancias largas —de seis meses a más de un año— que permiten que florezcan relaciones auténticas.
La vida aquí se organiza mediante grupos de trabajo (limpieza, huerto, cocina, programación), comidas comunitarias quincenales y un compromiso claro: participar activamente en la vida de la casa y en la vida del valle.
Su impacto ha sido notable. Muchos residentes han colaborado con negocios locales, han iniciado sus propios proyectos en la zona o han reforzado la red de talento creativo disperso que buscaba cohesión. Como explica el cofundador Roger Riera:
<p>“El valle es un ecosistema único, nacido de la ola creativa que llegó aquí en los años setenta. Ahora somos mitad población local y mitad recién llegados, y la concentración de profesionales de la cultura es excepcional”.</p>
Kalart se ha convertido en un puente entre el mundo y el valle, atrayendo a nómadas creativos de Europa, América y Asia que buscan una forma de vida más auténtica, humana y arraigada.
Un valle irrepetible
El Valle del Montseny no es solo naturaleza, ni únicamente cultura. Es la mezcla improbable de ambas. Es un territorio donde la vida rural se ha reinventado sin perder su esencia; donde la creatividad ha echado raíces sin desplazar a nadie; donde se vive despacio, pero con intensidad.
No hay otro lugar igual en España.<br>Un valle donde tradición e innovación conviven.<br>Un valle donde la comunidad sigue siendo la fuerza motriz.<br>Un valle que respira arte, naturaleza, convivencia y futuro.
El Valle del Montseny: la prueba de que otro modelo de vida rural no solo es posible, sino que ya está ocurriendo.
- Masías compartidas por distintos profesionales, donde la colaboración es el eje de la vida cotidiana;
- Espacios culturales autogestionados, como la residencia artística Les Escoles Velles, que acoge a creadores durante dos meses para el desarrollo artístico y su apertura al público;
- Un tejido social profundamente activo, donde los fines de semana se llenan de conciertos, talleres, exposiciones, mercados y eventos culturales.


